lunes, 1 de septiembre de 2014

Método mexicano para trasplante de médula ósea

Cuando uno escucha o lee sobre trasplante de médula ósea, de inmediato viene a la mente una inevitable cirugía y la visita obligatoria al quirófano; sin embargo, existe un método desarrollado por investigadores mexicanos que bien podría considerarse como una “transfusión sanguínea” que es de gran ayuda para pacientes con algunos tipos de cáncer como mieloma, linfoma o leucemia.
El método mexicano para hacer trasplantes de médula ósea (TMO) no requiere infraestructura hospitalaria y se puede realizar de manera ambulatoria, pues el índice de complicaciones es menor al 5% en relación con los trasplantes comunes. Tiene un costo diez veces menor a los trasplantes convencionales; en México es de 15 a 20 mil dólares, mientras que en Estados Unidos es de alrededor de 150 mil dólares.
El método consiste en trasplantar células troncales (o células madre) que se encuentran en la  sangre. El primer método desarrollado fue de tipo autólogo, es decir, cuando la sangre donde se encuentran las células madre a trasplantar es la propia sangre del paciente; pero cuando las células madre provienen de la sangre de un familiar se le dice que es un TMO de tipo alogénico.
Los TMO autólogos fueron iniciados hace 20 años por el doctor Guillermo Ruiz Argüelles, del departamento de Ciencias de la Salud de la Universidad de las Américas Puebla. Su propósito fue crear un método para realizar trasplantes de médula ósea que fueran menos invasivos y costosos. “Cuando regresé en 1983 de una estancia posdoctoral realizada en la Clínica Mayo de Estados Unidos a México, específicamente a Puebla, me di cuenta que tratar de reproducir en nuestro país el método que había aprendido allá sobre trasplantes era casi imposible por limitaciones económicas, de equipo y de falta de instituciones equipadas. Durante 10 años realizamos investigaciones bibliográficas para poder desarrollar un método en México que tuviera resultados similares a los europeos”.
El método mexicano, explicó el doctor Ruiz, especialista en hematología y miembro de la Academia Mexicana de Ciencias, consiste en obtener la sangre del mismo paciente o del donador seleccionado y separar los glóbulos blancos del resto de componentes de la sangre a través de una “máquina de aféresis”. La separación de los glóbulos blancos se debe a que estos contienen aproximadamente el 1% de células madre (llamadas CD34). Así, los glóbulos blancos son inyectados al paciente, mientras que la sangre separada, que no contiene glóbulos blancos, vuelve al paciente o al donador. Las células una vez inyectadas, se insertan solas en el interior de los huesos en el lugar donde debe ir (la médula ósea). “Hasta ahora hemos trasplantado a más de 500 pacientes mexicanos”, dijo el investigador.
Aunque existen instrumentos más complicados y especializados que la máquina de aféresis, los cuales separan estrictamente a las células madre de los glóbulos blancos; este procedimiento es mucho más costoso.
Así que para asegurarse de que el paciente tiene las suficientes células madre para recuperarse, utilizan un citómetro de flujo el cual cuenta el tipo de células CD34, pues estas son las células que interesa trasplantar. Se trata de unos linfocitos que tienen en su superficie el antígeno CD34, y contando cuántas células madre de este tipo se obtienen de cada aféresis se puede determinar cuántas aféresis más necesita el paciente.
“Lo ideal es trasplantar un millón de células CD34 por kilo de peso. Por ejemplo, para una persona de 60 kilos idealmente se le trasplantarían 60 millones de células CD34. Hay pacientes que requieren hasta cuatro aféresis pero eso es muy variable”, dijo el especialista.
Otras modificaciones que emplea el método mexicano para hacer TMO, es que se llevan a cabo de manera extra hospitalaria, se requieren menos antibióticos y otros medicamentos, se emplean fármacos accesibles y disponibles en el país. En el caso de los TMO alogénicos, se utiliza un esquema de acondicionamiento de intensidad reducida de quimioterapia.
Los trasplantes autólogos se aplican a pacientes que tienen tumores, enfermedades malignas o sensibles a quimioterapia. “El objetivo del trasplante autólogo es darle al paciente una quimioterapia a dosis muy altas y después regresarle su medula ósea, que no se ha expuesto a radiación, para que el paciente recupere su función hematopoyética (formación de todas las células sanguíneas). Los pacientes que necesitan este tipo de trasplantes autólogos en México son mayormente afectados por mielomas, un tipo de cáncer en los huesos incurable; el resto lo son por linfomas y leucemia”, declaró Ruiz Argüelles.
En el caso de los TMO alogénicos, explicó, el objetivo es reemplazar la médula ósea enferma por una sana e inducir efecto de injerto contra tumor, por ello las indicaciones son la hipoplasia medular, leucemias, linfomas, inmunodeficiencias, etcétera. Los candidatos a este tipo de trasplantes son pacientes declarados como terminales, así que los trasplantes autólogos o alogénicos ofrecen  la posibilidad de vivir en un 50-50.
De esta forma, el método simplificado para los TMO significa una posibilidad de vida para pacientes terminales de enfermedades tan agresivas como las antes señaladas, aunque también significa mucho para la hematología mexicana pues a lo largo de estos 20 años el doctor Guillermo Ruiz y sus colaboradores han publicado más de 110 trabajos sobre el tema en revistas especializadas.
“Además de aplicarse en varios sitios de la República Mexicana, el método mexicano para hacer TMO se practica ya en otros países de Latinoamérica, Europa, Asia y África, principalmente en sitios con economías limitadas, donde se ha hecho posible ofrecer este recurso terapéutico imprescindible en la práctica moderna de la medicina”, destacó Ruiz Argüelles, quien reconoció la colaboración para la investigación de varias instituciones, entre ellas, el Centro de Hematología y Medicina Interna de Puebla, el Hospital Universitario de Monterrey, Centro Médico La Raza del Instituto Mexicano del Seguro Social y el Instituto Nacional de Cancerología.

domingo, 31 de agosto de 2014

Convierten desechos industriales en recubrimientos para turbinas aeronáuticas

Un grupo de expertos del Centro de Investigación en Materiales Avanzados (Cimav), unidad Monterrey, desarrolló recubrimientos nanoestructurados capaces de resistir temperaturas superiores a los 1000 grados centígrados, los cuales se usan en componentes de turbinas aeronáuticas.
La doctora Ana María Arizmendi Morquecho, líder de este proyecto, explicó que a través del desarrollo de recubrimientos se busca dar solución a uno de los problemas más comunes en la industria aeronáutica, que es la degradación microestructural de las superaleaciones que componen las turbinas, debido a las altas temperaturas que alcanzan estos aparatos.
“Los componentes de álabes y toberas (tipo aspas móviles y fijas, respectivamente) de la zona caliente de las turbinas, los cuales son fabricados de superaleaciones base Níquel, se exponen a temperaturas superiores a mil grados centígrados, lo que provoca una degradación microestructural muy fuerte de los sustratos y repercute en las propiedades térmicas y mecánicas de la estructura disminuyendo la eficiencia energética de las turbinas”, expuso la investigadora.
El proyecto del Cimav consiste en desarrollar sistemas de barreras térmicas avanzados en base a nanocompuestos que protejan la estructura de las superaleaciones con las que están fabricados ciertos componentes de las turbinas. Para ello, el grupo de la doctora Arizmendi Morquecho utiliza las cenizas volantes como matriz cerámica a las que incorporan diversas nanopartículas para crear nuevos materiales desarrollados por los investigadores.
“Hemos descubierto que aprovechando la gran cantidad de mullita, el cual es un compuesto estable química y térmicamente que se encuentra en la ceniza volante, se puede usar este material como matriz cerámica, la cual con la incorporación de diferentes partículas hemos obtenido nanocompósitos novedosos que disminuyen en gran medida la conductividad térmica y utilizarlos en el desarrollo de recubrimientos para las superaleaciones”, explicó Arizmendi Morquecho.
Además de la aplicación al sector aeronáutico, esta tecnología busca impactar a nivel medioambiental con el aprovechamiento de un material que hasta ahora es considerado desecho industrial contaminante, como es el caso de las cenizas volantes, las cuales son obtenidas de carboeléctricas instaladas en el norte de Coahuila, principalmente.
De acuerdo con Arizmendi Morquecho, tras cinco años de analizar los diferentes materiales que pueden desarrollar como sistemas avanzados de barreras térmicas, esperan realizar las últimas pruebas para validar los materiales obtenidos a nivel laboratorio, a fin de que continúen con el proceso de escalamiento hasta que sea transferido a una empresa interesada.
Si bien esta tecnología es considerada investigación básica, su orientación espera resolver problemas industriales. “Esto es parte del enfoque de esta unidad del Cimav ubicada en el Parque de Investigación e Innovación Tecnológica, en Nuevo León. Por ello, conjuntamos a un grupo multidisciplinario de investigadores para realizar ciencia básica y aplicada, además de tener vinculación con la industria, instituciones académicas y centros de investigación a nivel global”, expuso Arizmendi Morquecho. 

miércoles, 20 de agosto de 2014

La saliva puede revelar el riesgo de suicidio

Mediante el estudio de personas con ideas suicidas y de quienes lo han hecho, dos grupos de investigadores del genoma en Estado Unidos y Europa afirman poder utilizar pruebas de ADN para realmente predecir quién va a intentar quitarse la vida.
salivaResulta apresurado y polémico decir que se cuenta con una prueba para detectar el riesgo de suicidio, pero hablar de un "gen suicida" no es tan extravagante como parece. La probabilidad de que una persona se quite la vida es de hecho hereditaria, y muchos equipos científicos están investigando ampliamente el genoma humano para localizar las causas biológicas del suicidio.
Partiendo de este tipo de investigación genética, la start-up Sundance Diagnostics, con sede en Boulder (EEUU), afirma que empezará a ofrecer pruebas de saliva para medir el riesgo de suicidio a los médicos el próximo mes, pero sólo en relación con pacientes que tomen medicamentos antidepresivos como Prozac y Zoloft.
La prueba de Sundance está basada en resultados de investigación reportados por el Instituto Max Planck de Psiquiatría en 2012. Los investigadores alemanes, con sede en Munich, escanearon los genes de 898 personas que toman antidepresivos e identificaron 79 marcadores genéticos que, según afirman, en conjunto supusieron un 91 por ciento de probabilidades de predecir correctamente "ideas suicidas", o imaginar el acto de suicidio.
Es bien sabido que después de empezar a usar antidepresivos algunas personas empiezan a pensar en suicidarse. El riesgo es lo suficientemente grande como para que hace una década Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA, por sus siglas en inglés) incluyera una advertencia en las pastillas antidepresivas, diciendo que "aumentan el riesgo... de pensamientos y conductas suicidas" en niños y adultos jóvenes.
"El número de suicidios consumados no es grande, pero nadie quiere que su ser querido esté en riesgo. No jugarías a la ruleta rusa si se trata de tu hijo", señala la directora general de Sundance, Kim Bechthold, que adquirió la licencia de la idea de la prueba de Max Planck. Asegura que las pruebas de ADN se llevarán a cabo en base a muestras de saliva.
Teniendo en cuenta la cantidad de personas que toman antidepresivos, el mercado para una prueba de suicidio podría ser grande. En EEUU cerca del 11 por ciento de la población mayor de 12 años toma antidepresivos, según una estimación de 2011 de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés).
Sin embargo, por ahora los expertos afirman que existen buenas razones para mantener el escepticismo ante cualquier prueba de suicidio. Los estudios del genoma a veces muestran conexiones aparentes que después no resultan ser demasiado significativas. Se han relacionado docenas de genes con el suicidio, pero ninguno de una manera verdaderamente definitiva.
"No creo que haya pruebas genómicas creíbles para el riesgo o la prevención del suicidio", señala el director de la Oficina de Genómica y Salud Pública de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades, Muin J. Khoury. Según los CDC, el suicidio es la décima causa más común de muerte en EEUU, con 39 mil 518 muertes en 2011.
Lo que es cierto, según Khoury, es que el suicidio tiene conexiones familiares. En su lista de factores de riesgo de suicidio, el CDC enumera los antecedentes familiares como el más importante, seguido por el maltrato de los niños, los intentos anteriores de suicidio y la depresión.
Esta conexión familiar es lo que hace que los científicos estén seguros de que los genes forman parte de la ecuación. En 2013, por ejemplo, varios investigadores daneses examinaron 221 niños adoptados que más tarde en su vida acabaron suicidándose. Encontraron que sus hermanos biológicos, criados en diferentes hogares, eran cinco veces más propensos a suicidarse en comparación con otras personas. Los gemelos idénticos también son más propensos a suicidarse que los gemelos no idénticos.
En total, los epidemiólogos creen que entre el 30 y el 55 por ciento del riesgo de que alguien se suicide se hereda, y el riesgo no está vinculado a ninguna enfermedad mental específica, como la depresión o la esquizofrenia.
Esto significa que el suicidio probablemente tiene sus propias causas genéticas únicas, según la patóloga dedicada al estudio del cerebro de víctimas de suicidio en el Memorial Sloan Kettering de Nueva York (EEUU), Stella Dracheva. El suicidio es una afección muy compleja, pero hay muchas pruebas que indican su base biológica", señala. "Las personas que se suicidan tienen algo diferente".
Opina que vale la pena buscar los genes suicidas y que una prueba de ADN también es teóricamente plausible. Asegura que una prueba sería particularmente útil entre los veteranos de guerra y otros grupos con un riesgo inusualmente alto de dañarse a sí mismos.
Aún así, el historial de vida de una persona está más relacionado con el suicidio que los genes. La genetista de la Universidad de Iowa (EEUU) Virginia Willour, que estudia los pensamientos suicidas en pacientes bipolares, afirma que los factores ambientales son especialmente importantes en la prevención del suicidio. Recibir tratamiento médico y contar una familia involucrada pueden reducir la posibilidad de suicidio de forma muy significativa.
El abuelo de Willour era bipolar y se suicidó. "Decidí investigar la conducta suicida, porque conocía el impacto. Su suicidio fue un recordatorio y presencia constante en mi infancia", afirma. Una de las mayores motivaciones de los científicos que afirman ser capaces de predecir el suicidio es el dolor y la incredulidad que rodea el acto.
El último informe sobre una posible prueba se produjo en julio desde la Universidad Johns Hopkins de Baltimore (EEUU), donde un grupo de genetistas publicó un informe señalando que la presencia de alteraciones de un único gen podría predecir quién va a intentar suicidarse con un 80 por ciento de exactitud.
 La Johns Hopkins ha solicitado una patente de la prueba de suicidio, y la universidad está tratando de ofrecer licencias. Esta investigación, llevada a cabo por el profesor asistente de psiquiatría en la Universidad, Zachary Kaminsky, empezó a partir de un pequeño número de cerebros de víctimas de suicidio en poder de los Institutos Nacionales de Salud.
En lugar de investigar sólo el ADN, estudiaron los patrones de metilación, un tipo de bloqueo químico en los genes que puede reducir su actividad. Encontraron que un gen, el SKA2, a menudo parecía estar bloqueado en el cerebro de los suicidas. Más tarde hicieron pruebas de sangre a un mayor número de personas con pensamientos suicidas, y encontraron que el mismo bloqueo genético era común.
"Parece que somos capaces de predecir el comportamiento suicida y los intentos de suicidio, en base a la observación de estos cambios epigenéticos en la sangre", señala Kaminsky. "El problema es que las muestras que tenemos son pequeñas". Kaminsky afirma que tras el informe su bandeja de entrada de correo electrónico se vio inundada de inmediato de personas que querían la prueba. "Querían saber el nivel de riesgo de sus hijos después de que su padre se hubiera suicidado", señala. No entendían que el tipo de cambio en el ADN que Kaminsky había identificado probablemente no es el tipo heredado, sino que podría ser provocado por el estrés o algún otro factor ambiental.
La publicación de Kaminsky ha generado algunas críticas de científicos que afirman que sus conclusiones se basan en pruebas poco sólidas. Afirman que son necesarios más datos. "Es un hallazgo sorprendente, pero como ocurre siempre que uno trabaja con genética compleja, es necesaria la replicación. El tiempo dirá si [se sostiene]", afirma Willour.
El mayor problema, según Dracheva, es que simplemente no hay suficientes cerebros de víctimas de suicidio. A diferencia de los estudios sobre la diabetes o la esquizofrenia, en los que los científicos pueden contar con miles o decenas de miles de pacientes, los estudios sobre el suicidio siguen siendo pequeños y los resultados mucho más tentativos.
Esto se debe a que no cuentan con ADN de suficientes personas que se hayan suicidado y que los investigadores, como los de Hopkins y Max Planck, hayan tenido a su disposición para tratar de encontrar conexiones entre el ADN y el hecho de que la gente tenga pensamientos suicidas. Sin embargo, no existe ninguna relación directa entre la contemplación del suicidio y llevarlo a cabo.

jueves, 14 de agosto de 2014

Con matemáticas detectan vulnerabilidad de una célula cancerosa

Gracias a un uso imaginativo de la Teoría de Juegos, que es una herramienta matemática a la que se ha recurrido con éxito en campos muy variados, desde la biología a la economía, se ha logrado averiguar cómo cooperan las células dentro de un tumor para obtener energía.
Profundizando en esta línea de investigación abierta por el equipo de Ardeshir Kianercy y Kenneth J. Pienta, de la Escuela de Medicina de la Universidad Johns Hopkins en Baltimore, Maryland, Estados Unidos, y obteniendo información adicional a partir de experimentos, se podría identificar con toda certeza el momento ideal para sabotear la actividad de las células cancerosas que conduce a la metástasis, y para hacer al tumor más vulnerable a los fármacos anticáncer.
La Teoría de Juegos ha sido ampliamente usada para predecir el conflicto y la cooperación entre individuos e incluso entre naciones, pero últimamente se emplea cada vez más en biología, para pronosticar interacciones entre una célula y otra. Los tumores contienen diversas células que pasan de un estado cooperativo a otro competitivo, y a la inversa.
Aprovecharse de esas interacciones puede poner a disposición de los científicos muchos blancos de ataque insospechados que permitan combatir con éxito al cáncer. Pero para conseguirlo es fundamental estudiar a las células cancerosas en grupo, no cada una por separado y aislada de las demás.
En sus investigaciones, el equipo de Kianercy y Pienta se valió de la Teoría de Juegos y de herramientas informáticas para analizar situaciones derivadas de las interacciones biológicas entre dos clases de células tumorales, una rica en oxígeno y la otra pobre. Las células dentro de un tumor adoptan diferentes tipos de metabolismo energético, dependiendo de lo cerca que estén de un suministro de sangre rico en oxígeno.
Las células tumorales en áreas pobres en oxígeno usan un azúcar, la glucosa, para producir energía y, como parte del proceso, liberan un compuesto llamado lactato. Las células ricas en oxígeno usan este lactato en un tipo diferente de proceso metabólico energético y, como resultado de ello, liberan glucosa que puede ser empleada por las células pobres en oxígeno para generar su propia energía.
En general, esa situación representa una colaboración eficiente que puede ayudar a prosperar al tumor, pero las relaciones de colaboración están siempre cambiando a medida que las células del tumor mutan. La tasa de mutación influye en la fortaleza de las colaboraciones energéticas entre las células ricas en oxígeno y las pobres en oxígeno, y en los niveles de producción y consumo de glucosa y lactato.
Aplicando cálculos de la Teoría de Juegos que tuvieron en cuenta las tasas de mutación de las células del tumor y los niveles potenciales de glucosa y lactato, los científicos encontraron que dentro de ciertos límites de tasas de mutación, hay transiciones críticas cuando un tumor de pronto cambia entre diferentes tipos de estrategias metabólicas energéticas. Este cambio en las tácticas de producción de energía puede ocurrir cuando los tumores progresan y se propagan.
Los científicos piensan que los tumores podrían ser especialmente vulnerables dentro de esta ventana de cambio de estrategia, haciéndola un momento estupendo para que los médicos lanzasen un ataque destinado a sabotear el entorno del tumor y la colaboración entre sus células.

miércoles, 13 de agosto de 2014

ESTUDIAN MECANISMOS DE ADICCIÓN A LA COMIDA DULCE Y GRASOSA

Es difícil encontrar a alguien que no guste del chocolate, las papas fritas, el helado, los cacahuates o las garnachas. Para la mayoría, es tal la fascinación por alimentos de este tipo que en muchas ocasiones cae en eventos de sobreconsumo simplemente por placer y no por hambre.
 Desde hace varios años, la doctora Carolina Escobar Briones ha participado en investigaciones realizadas por la Facultad de Medicina junto con el Instituto de Investigaciones Biomédicas, ambos de la Unioversidad nacional Autónoma de México, que buscan dar respuesta a la manera en que se origina ese intenso, y a veces irrefrenable impulso por consumir alimentos que se consideran sabrosos, generalmente muy dulces o grasosos.
Sus experimentos consisten, a grandes rasgos, en darles a grupos de ratas de laboratorio un alimento apetitoso, que consiste en un pequeño trozo de chocolate en una ración restringida, diario y a la misma hora por varios días. El efecto más inmediato y evidente que ha observado durante los experimentos es que poco tiempo antes de que se les entregue la golosina, alrededor de media hora, los roedores comienzan a inquietarse y a buscar el alimento, comportamiento denominado actividad anticipatoria al alimento. 
“Observamos que a los pocos días, las ratas empiezan a medir el tiempo, a estar activas y estarnos esperando. No es que tengan hambre pues tienen su comida normal disponible siempre. Cuando llegamos y les damos el pedazo de chocolate se inquietan muchísimo y se lo comen rápidamente”, comentó la también integrante de la Academia Mexicana de Ciencias.
Tiempo atrás, Escobar Briones y su equipo ya habían observado que la actividad anticipatoria al alimento también ocurre cuando se restringen los horarios del alimento cotidiano, independientemente de si es catalogado como sabroso o no. Esto se debe, explicó la investigadora, a que los ritmos circadianos de conducta y de ciertas funciones de los órganos cambian sus oscilaciones y ajustan sus picos de máxima expresión alrededor de las horas de alimentación.
No obstante, los investigadores han registrado que existen diferencias en la activación de las áreas cerebrales. El primer caso, cuando solo se restringe el alimento, se activan estructuras del hipotálamo, la región del cerebro más importante en la regulación de las señales metabólicas (todas las funciones que tienen que ver con el procesamiento de la energía) y en la coordinación de conductas esenciales para la supervivencia como la alimentación y el apareamiento.
En cambio, de acuerdo con sus resultados, cuando se limita el consumo de un alimento sabroso, en este caso el chocolate, se observa una activación poderosa pero selectiva de las áreas cortico-límbicas del cerebro, las cuales están involucradas con los sistemas motivacionales y de recompensa del organismo.
En particular, las tres estructuras cerebrales en las que se han enfocado son el núcleo accumbens (donde se originan emociones como el placer y la recompensa), la región prelímbica de la corteza pre-frontal (relacionada con el impulso, la motivación y la voluntad)  y la corteza piriforme (involucrada con el olfato).
“Se trata de áreas del cerebro que generan sensaciones agradables, sensaciones que llamamos de reforzamiento, hedónicas”. En estas estructuras, agregó, se echan a andar genes reloj (las proteínas que se fabrican a partir de estos genes son capaces de generar un orden temporal en las actividades del organismo como son la reproducción, la muerte y el metabolismo de las células) que empiezan a ciclar con el ritmo que les establece la llegada del chocolate.
Para los investigadores, estos resultados sostienen la propuesta de que la conducta anticipatoria depende de sistemas multi-oscilatorios, es decir, de varias estructuras y vías de comunicación que funcionan como marcapasos capaces de imponer su ritmo a los diferentes procesos orgánicos. Mientras que las estructuras cortico-límbicas contienen osciladores circadianos dirigidos por la recompensa al chocolate, las oscilaciones hipotalámicas están dirigidas específicamente por la comida.
Esto, además, explica por qué la conducta anticipatoria es muy precisa y se repite durante muchos ciclos después de la interrupción de la entrega del chocolate, lo cual sugiere la participación de un sistema de estimación de tiempo relacionado con procesos de dependencia y adicción.
En sus trabajos más recientes, Carolina Escobar y sus colegas están explorando si estos procesos llevan a una adicción por el alimento apetitoso, como el que se da con el consumo de ciertas drogas. “Estamos estudiando si podemos encontrar marcadores de adicción en el cerebro cuando les damos un alimento sabroso de manera regular”.
Para ello, están estudiando la relación entre las orexinas (un grupo de sustancias que se producen exclusivamente en ciertas áreas del hipotálamo, aunque tienen proyecciones a otras partes del cerebro, y que se relacionan con procesos como la regulación del ciclo sueño-vigilia, la ingesta de alimentos, los aprendizajes de preferencias gustativas y la adicción)- y la actividad anticipatoria al alimento de los roedores.